Gabinete a la derecha de Chávez
Jose_miguel_casado@hotmail.com
Un nuevo sacudón de la mata y un nuevo enroque de los mismos personajes trillados, eso fue lo que se pudo atestiguar con el último “cambio” de gabinete que preside el primer mandatario. A Diosdado se le vio muy feliz, y vaya si tiene razones. Competencias cambiadas y burocracia “reducida”, Giordani volvió de sus “vacaciones”. Pero bueno, el entrecomillado ya está trillando, entremos en materia.
Todo cuanto olía a marxismo en el gabinete fue desechado, al respecto Jesús Yepez, jefe de la Agencia de Empleo de la Inspectoría del trabajo de Valencia Norte y miembro del equipo político de Roberto Hernández señaló que la salida del reconocido dirigente comunista es clara señal del “poco interés que tiene la dirigencia de este proceso en reconocer el papel histórico de la clase obrera y trabajar por su unificación”. También comentó que la salida de El Troudi dejó al gabinete “libre de marxistas”. Este socialismo se está poniendo bueno y Diosdado es cada vez más socialista, así cualquiera.
Los cambios significan "un nuevo toque de cosmética, porque aún continúan algunos de los hombres más cuestionados, pero está en duda que sea un gabinete que pueda enfrentar con éxito la crisis", dijo Ángel Álvarez, analista de la Universidad Central de Venezuela citado por El Universal. Álvarez se queda en la superficie, en mi opinión, el problema no es la crisis, es lo estratégico y aquí lo que se está gestando es un contrabando ideológico y se está jugando con la esperanza del pueblo, peligrosito el juego.
¿Por qué Diosdado está feliz?
Todas mis fuentes respetables de la izquierda ratifican lo que mi olfato político me indica, y no hace falta ser un sabueso. Cabello es el representante más emblemático de la burguesía bolivariana, un hombre que cree en la imposición de los intereses patrios sobre los foráneos, siempre y cuando él pueda dirigir esos intereses junto a la nueva “burguesía nacionalista”, si es que tal cosa puede existir. En Miraflores se dice que la salida de los bolcheviques del gabinete es la victoria personal de Diosdado, quien además controla ya la mayoría de los personajes que “dirigen” los ministerios.
Hablar de esta revolución hace que uno abuse de las comillas, lo que pasa es que esto está lleno de epónimos que contrarían la realidad objetiva, y hay que acordarse de que la definición de ironía es cuando el significado literal y el significado real de una cosa son contradictorios. Esta de verdad es toda una ironía socialista.
Cuba se venezolaniza
Para terminar esta breve cita con ustedes, quiero referirme a los cambios de gabinete que se vivieron en Cuba, acompañados por el escándalo de las supuestas ambiciones que, según Fidel Castro, hicieron de Lage y Pérez Roque funcionarios indignos. Al respecto sólo puedo decir, y ya que parece que la ironía está en el aire, que aquella defensa que hace la revolución bolivariana sobre la cubanización en la que se asevera que el riesgo es que el proceso cubano se venezolanice, parece estarse convirtiendo en toda una realidad, una triste realidad. No son pocos los casos de funcionarios cubanos que por su relación con sus pares venezolanos, se han acostumbrado a los dulces beneficios de la renta petrolera. ¿Será que Lage y Pérez Roque se venezolanizaron?
sábado, 28 de marzo de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
Sobre el Estado: reflexiones después de clase
Dejando completamente claro, en primer lugar, que lo que a continuación produzco es un juicio desde mi personalísima perspectiva político-ideológica, debo comenzar afirmando que el Estado es, en esencia, un instrumento de dominación de clase y de opresión de una clase. En las teorías posmodernistas, que se expresan en ciertas tendencias izquierdistas, se oye decir: “el Estado tiene agencia”. Esa es una forma pomposa de decir que el Estado no es un instrumento de dominación de clase sino una institución que puede ser influenciada por distintos grupos de la sociedad, dependiendo de cuánta presión ejerzan sobre él. Esta noción de que el estado se puede influenciar y llevar a actuar así o asá, de que no es algo inalterable, de que se puede llevar a tener un carácter distinto y a desempeñar un papel distinto, dependiendo de quién tenga más influencia, es la vieja visión revisionista del Estado que ahora se expresa en lenguaje “posmodernista”, y que tiene como finalidad última ocultar el verdadero rol del Estado como estructuro que protege el status quo haciendo uso de sus fuerzas ideológica y coercitivas.
¿Qué es el Estado, cuál es su carácter esencial y su papel esencial? Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, planteó el resumen muy conciso, con mucho materialismo histórico, de que el Estado es un instrumento de dominación de clase, un instrumento de opresión de una clase a las otras clases que domina, y que surge de la división de la sociedad en clases antagónicas, en explotadores y explotados, y es una manifestación de esa división. Por otra parte, está la afirmación de Raymond Lotta quien sostiene que el Estado es una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad. Eso le da al Estado su carácter particular de clase. Mejor dicho, el Estado en general tiene el carácter y el papel de ser un instrumento de opresión de una clase (o un instrumento de dictadura), pero ser una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad manifiesta el carácter particular de un Estado dado. En un sentido fundamental y amplio, podemos decir que el Estado es una manifestación de las relaciones de producción de la sociedad; las refleja y a su vez las refuerza. Con una excepción: el Estado proletario, que fuera de reflejar y reforzar, busca ser un instrumento de mayor transformación de las relaciones de producción y las relaciones sociales de la sociedad. Esa es una de las cosas que da al Estado proletario un carácter cualitativamente diferente a todas las formas previas de éste.
La dictadura proletaria, término que ha generado mucha polémica en toda discusión inherente al Estado y la izquierda, se propone la abolición de las clases. Busca acabar (no por exterminio físico, como dice la caricatura usual, sino por la transformación de la sociedad) las clases y su base material: busca acabar la burguesía; busca acabar la pequeña burguesía; y busca acabar el mismo proletariado. De esas tres clases a la única que no le importa eso es al proletariado. Las otras dos clases no quieren desaparecer (eso no quiere decir que la dictadura del proletariado también se ejerce sobre la pequeña burguesía; esa es otra cuestión). Lo que quiere decir es que hay que transformar las circunstancias y las personas para que dejen de existir no solo la burguesía sino también la pequeña burguesía y, es más, el proletariado. Pero el proletariado es el único que quiere hacer eso, en términos sociales amplios.
Si queremos saber cómo funcionan las fuerzas “invisibles” del Estado en la cotidianeidad, imaginemos una persona sedienta que no tiene dinero en su bolsillo por las razones que fueren (todas ellas seguramente relacionables con el Estado y sus fuerzas), esta persona se acerca a un sitio donde hay una nevera llena del líquido vital y no puede beber, esto implica la violencia intrínseca del Estado, ya que esta persona jamás podría abrir la nevera y beber, saciar tan básica necesidad, puesto que las leyes le obligan a conferir una remuneración (parlamento, poder legislativo) y si esta persona rompiese esa ley, el dueño de la nevera tendrá la libertad de abalanzar sobre esta persona el poder de la fuerza pública (poder coercitivo del Estado), además de ello no puede contar con que nadie le apoye en su situación por cuanto el modelo educativo en general (aparato ideológico del Estado) ha fundido en sus mentes los principios de la sociedad mercantil, dejando de lado incluso a la lógica: tener sed, estar próximo a una fuente de líquido vital, saciar la sed. No, hay que pagar, y el que no paga va preso. He ahí un solo ejemplo del poder supuestamente invisible del Estado siendo utilizado para mantener las relaciones sociales de producción y el sistema todo que sustentan, sistema erigido sobre la explotación del hombre por el hombre y la apropiación del trabajo ajeno. En resumen, el Estado burgués defendiendo a los burgueses.
¿Qué es el Estado, cuál es su carácter esencial y su papel esencial? Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, planteó el resumen muy conciso, con mucho materialismo histórico, de que el Estado es un instrumento de dominación de clase, un instrumento de opresión de una clase a las otras clases que domina, y que surge de la división de la sociedad en clases antagónicas, en explotadores y explotados, y es una manifestación de esa división. Por otra parte, está la afirmación de Raymond Lotta quien sostiene que el Estado es una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad. Eso le da al Estado su carácter particular de clase. Mejor dicho, el Estado en general tiene el carácter y el papel de ser un instrumento de opresión de una clase (o un instrumento de dictadura), pero ser una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad manifiesta el carácter particular de un Estado dado. En un sentido fundamental y amplio, podemos decir que el Estado es una manifestación de las relaciones de producción de la sociedad; las refleja y a su vez las refuerza. Con una excepción: el Estado proletario, que fuera de reflejar y reforzar, busca ser un instrumento de mayor transformación de las relaciones de producción y las relaciones sociales de la sociedad. Esa es una de las cosas que da al Estado proletario un carácter cualitativamente diferente a todas las formas previas de éste.
La dictadura proletaria, término que ha generado mucha polémica en toda discusión inherente al Estado y la izquierda, se propone la abolición de las clases. Busca acabar (no por exterminio físico, como dice la caricatura usual, sino por la transformación de la sociedad) las clases y su base material: busca acabar la burguesía; busca acabar la pequeña burguesía; y busca acabar el mismo proletariado. De esas tres clases a la única que no le importa eso es al proletariado. Las otras dos clases no quieren desaparecer (eso no quiere decir que la dictadura del proletariado también se ejerce sobre la pequeña burguesía; esa es otra cuestión). Lo que quiere decir es que hay que transformar las circunstancias y las personas para que dejen de existir no solo la burguesía sino también la pequeña burguesía y, es más, el proletariado. Pero el proletariado es el único que quiere hacer eso, en términos sociales amplios.
Si queremos saber cómo funcionan las fuerzas “invisibles” del Estado en la cotidianeidad, imaginemos una persona sedienta que no tiene dinero en su bolsillo por las razones que fueren (todas ellas seguramente relacionables con el Estado y sus fuerzas), esta persona se acerca a un sitio donde hay una nevera llena del líquido vital y no puede beber, esto implica la violencia intrínseca del Estado, ya que esta persona jamás podría abrir la nevera y beber, saciar tan básica necesidad, puesto que las leyes le obligan a conferir una remuneración (parlamento, poder legislativo) y si esta persona rompiese esa ley, el dueño de la nevera tendrá la libertad de abalanzar sobre esta persona el poder de la fuerza pública (poder coercitivo del Estado), además de ello no puede contar con que nadie le apoye en su situación por cuanto el modelo educativo en general (aparato ideológico del Estado) ha fundido en sus mentes los principios de la sociedad mercantil, dejando de lado incluso a la lógica: tener sed, estar próximo a una fuente de líquido vital, saciar la sed. No, hay que pagar, y el que no paga va preso. He ahí un solo ejemplo del poder supuestamente invisible del Estado siendo utilizado para mantener las relaciones sociales de producción y el sistema todo que sustentan, sistema erigido sobre la explotación del hombre por el hombre y la apropiación del trabajo ajeno. En resumen, el Estado burgués defendiendo a los burgueses.
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