miércoles, 13 de mayo de 2009

Editorial

Petróleo y política

El efecto de la crisis económica mundial sobre los precios del crudo, han despertado una vez más los gritos febriles de una oposición que ha anunciado en tantas oportunidades la inminente debacle nacional, que ya empieza a sucederle como al chico que gritaba: “¡Ahí viene el lobo!”. La baja de los precios del petróleo no implican la “catástrofe” de la economía nacional, pero tampoco son cierta las afirmaciones gobierneras, encabezadas por el primer mandatario, sobre la supuesta invulnerabilidad de Venezuela frente a la nefasta situación económica internacional, en primer lugar porque existe actualmente una economía globalizada y en segundo término porque la economía venezolana depende casi en su totalidad de un recurso económicamente volátil y subordinado a la situación del mercado internacional: el petróleo.

En las últimas semanas, los medios se han visto atestados de voceros que anuncian que la patria y PDVSA están quebradas, esto sin empuñar una sola prueba más allá de especulaciones tremendistas. Es lo más natural del mundo que en un país de las características de Venezuela, la política, al igual que la economía, gire en torno al petróleo, y es por esto que la oposición aprovecha esta coyuntura para intentar sembrar la matriz de opinión de que el gobierno de turno, al que no le han podido hacer frente, ha llevado el país a la quiebra. De igual manera, el gobierno ha intentado imponer en la opinión pública una versión de absoluta normalidad que no es tal.

La República Bolivariana de Venezuela posee reservas internacionales suficientes para respetar lo previsto en el presupuesto (ajustado), y cuenta con líneas de crédito con países como China, Rusia y Japón, que exceden los 30 mil millones de dólares. ¿Dónde reside el impacto de la baja de los precios del petróleo? En primer lugar en la necesidad de ajustar el presupuesto nacional, esa es en esencia la más grande consecuencia sufrida. Es un asunto de lógica básica. La previsión, la prudencia se impusieron, y el gobierno responsablemente decidió ajustar el presupuesto. Lo sensible reside en el gasto social impulsado por la administración de Chávez, factor fundamental de su solidez electoral y política. Es aquí donde la oposición pensó que la crisis golpearía al oficialismo, pero ¿Qué hizo el gobierno? Recortar el gasto de la administración pública (por demás excesivo y reprobable) y anunciar la continuidad de los programas sociales, además se han anunciado ya dos aumentos salariales para los próximos meses. Malas noticias para la oposición venezolana.

Habría que preguntarle, a su vez, al gobierno ¿Por qué hace falta el advenimiento de una crisis económica mundial para adecentar el gasto público? ¿No es esta una revolución socialista? Son estas el tipo de contradicciones que le hacen pensar a cualquiera que este socialismo del siglo XXI tiene demasiadas semejanzas con el capitalismo rentista, es decir, que es más lo que permanece igual que lo que se transforma, y esa no es exactamente la definición de revolución. Bueno, en medio de las dos grandes versiones, o contrabandos político-ideológicos, quedan los venezolanos de a pié. Viendo a los dos bandos y eligiendo el que mejor o menos peor le parece. Importante siempre instar al pensamiento crítico y no a la repetición autómata a la que, lastimosamente, nuestra sociedad se está acostumbrando.

Viendo hacia el futuro se pueden prever dos casos. De recomponerse el mercado petrolero, el gobierno del Presidente Chávez podría blindar su proyecto histórico y continuarlo sin demasiadas dificultades, con un terreno político que le ha dejado libre la que debe ser sin duda una de las oposiciones más ineptas del globo terráqueo, hablando por supuesto en términos de dirigencia y organizaciones partidistas (entre ellas los medios privados). El otro escenario, es una hipotética continuidad de la crisis que obligue al gobierno a recortar el gasto social, lo que bien podría hacer temblar los pilares de la actual administración, ya que esta “revolución” tiene más de cristiana que de socialista, más de voluntarias y caritativa que de transformadora. En cualquiera de los casos lo más probable es que ni se caiga el país a pedazos ni podamos atestiguar en vida el socialismo en este país.

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